Conocer a chicos de más edad en línea gratis

Gracias a nuestra sección de encuentros y nuestras opciones gratuitas para destacar tu perfil en primeras posiciones en secciones como Gente cerca o nuestra versión de Encuentros, podrás captar la atención de cientos e incluso miles de chicos de tu zona, hacién mucho más sencillo que establezcas contactos y conexiones con chicos afines a ... Conocer gente gratis en mobifriends es fácil y divertido: En mobifriends puedes chatear gratis, conocer gente nueva gratis, ver sus fotos y revisar sus perfiles, enviarles mensajes, mobis (mensajes animados divertidos) o chatear en el chat de video, cuando quieras y donde quieras, en el Internet y teléfonos móviles. BUSCAR PAREJA, Amor , Amistad, CONOCER GENTE. Buscar Edad a Pais Solo mostrar perfiles con foto. WongK. De Adair, Tennessee, United States Hombre de 50 ... En busca de una buena persona simple y sencilla Mi vida cotidiana, ... Tenemos más de trescientas salas con diferentes temáticas, zonas y edades y, esta en concreto, te permite conocer a personas que están en esa franja de edad. Si notas que te sientes solo o sola y quieres ampliar tu grupo de amigos, esta es una buena oportunidad para empezar hoy mismo a hacerlo. Además, todos los miembros de esta página de citas deben tener 18 años o más. Conocer Chicos es parte de la red de citas , que incluye muchos otros sitios generales y de citas gay. Como miembro de Conocer Chicos, tu perfil automáticamente será mostrado en sitios de citas o a usuarios relacionados en la red sin cargo adicional. Flirtbox es un sitio de citas en línea tradicional y fácil de navegar para adolescentes. La edad mínima para registrarse en el sitio es de 16 años. Hay una opción de búsqueda que te mostrará otros chicos y chicas de 16 a 19 años de edad en tu área, así que esta es una buena opción si estás buscando una cita local. Conocer gente gratis, conocer chicos, conocer chicas, servicios gratis - . Description: El sitio para encontrar parejas realmente gratuito y con el entorno más potente del mundo, te ayudará a Encontrar tu Pareja. Busca por diversión, solteros amigables con intereses similares, encuentra la pareja perfecta por ubicación, edad y estilo de vida. Más de 18 años en línea. Primera web 100% en español de contactos que dá un servicio gratis y de máxima calidad desde 2003. Conocemos como nadie el mundo de las citas y amistades. Por Agregame.com han pasado millones de solteros y solteras, muchos de ellos han acabado en felices parejas y matrimonios. Verificación de perfiles Lista de países donde conocer amigos gratis en todo el mundo. A continuación te mostramos todos los países disponibles en mobifriends, desde los que te puedes registrar y empezar a buscar amigos gratis.Más abajo están los listados detallados de cada país, navega por las regiones donde puedes empezar a encontrar amigos gratis a través de mobifriends. #Chat-mas-de-60 - Chat más de 60 años en español conoce gratis a hombres y mujeres de tu edad. #De-13-a-18 - Chat de 13 a 18 años para hacer amistades y amigos entre adolescentes. #De-15-a-20 - Chat de 15 a 20 años para gente que quiera hacer amigos y conocer a gente a traves de nuestro webchat gratis por internet. #De-20-a-30 - Chat para ...

DE CÓMO YO, UN MISERABLE, TAMBIÉN SOY PODEMOS (El cuento)

2015.02.09 20:04 defenxor DE CÓMO YO, UN MISERABLE, TAMBIÉN SOY PODEMOS (El cuento)

Soy uno más del ejército de miserables que creó la crisis, o tal vez un mal anterior a la crisis, un genio maligno que estaba ya en las raíces del sistema.
He intentado suicidarme, como hizo ese jubilado griego, el tal Christoulas, en una plaza pública, pero no he tenido éxito. Si trato de cortarme las venas, la hoja de acero se transforma en un inofensivo haz de luz brillante y azulada. Si intento atravesarme el pecho, el resultado es el mismo. También me he llegado a tirar por un puente. En este caso me despierto ligeramente aturdido.
Mi padre siempre decía que lo más importante en la vida es tener un techo. Mi madre apostillaba que la segunda cosa más importante era tener una mujer, porque no está hecho el hombre para vivir solo, y citaba la Biblia. Yo tuve las dos cosas pero las perdí de golpe y porrazo, algo que también te puede pasar según la Biblia, y según el libro de instrucciones de los banqueros, los empresarios sin escrúpulos y los gobernantes de la casta que hacen leyes a los que se acogen los empresarios sin escrúpulos.
Vivía plácidamente en una pequeña ciudad castellana, una de ésas en las que el tren del progreso atraviesa el horizonte nocturno como una lucecita roja, siempre igual y siempre distinta. Ojalá hubiera comprendido antes que esa paz era pura apariencia, que bajo su manto adormecedor las ratas invisibles de la desigualdad te mordisquean y tú no te enteras hasta que te desmayas exangüe. Entonces tienes que irte, emigrar, buscar una segunda oportunidad en otras tierras.
Como tantos castellanos frustrados, creí que en Madrid tendría más suerte, pero no fue así, y cuando ya no pude pagar la pensión me vi obligado a acudir a los albergues, donde no aguanté ni una semana. Puedo aceptar que soy pobre, pero no que formo parte de un ejército de miserables, de zombis que se acercan como perros sumisos a que les acaricien las monjas y los funcionarios municipales. ¡Maldita sea, en mi hambre mando yo! ¡No necesito caridad sino que me devuelvan mi dignidad!
Así que me vi vagando por las calles, huyendo de los alcaldes que practican la tolerancia cero limpiando las calles de gente como yo, sin darse cuenta de que somos la consecuencia de sus propias acciones, su propia basura. Cuando llegan las navidades aprietan más las tuercas de la seguridad. Es lógico, rompemos con la ilusión de un mundo feliz. Con lo que gastan en luces podrían darnos trabajo a más de uno.
Lo único que me consuela es la amistad con otros sin techo, especialmente la que me une a Rufina. Una tarde crucé una carretera por un túnel subterráneo y topé con un Santa Claus que bailaba a la luz de una hoguera. Parecía un rey estrafalario y feliz. Me quedé observándolo un momento y él me guiño un ojo ofreciéndome una lata de cerveza.
Resultó ser una mujer, una mujer extraordinaria que sabe camuflarse para sobrevivir. A pesar de su edad, que nunca me ha dicho –una dama nunca rebela su edad, ironiza-, tiene una naturaleza de hierro. Al parecer se echó a la calle cuando llegó la orden de desalojo. No pidió ayuda a nadie: es demasiado orgullosa. Además, dice que así se libra de su hijito querido, cuya hipoteca fue su ruina. No conozco otra persona más optimista. Dice que los sin hogar somos indios, nómadas, los herederos de una cultura muy vieja e importante que gracias a nosotros no se pierde. Diógenes fue uno de los fundadores. Siempre que hay una manifestación de yayoflautas, aparece en primera plana con una pancarta –sólo se asea en esas ocasiones-. Su sueño es hacerse famosa y que un día se le acerque la alcaldesa y le pregunte en qué puede ayudarla, para poder decirle lo mismo que Diógenes a Alejandro Magno –un guerrero de buena casta-: apártate anda, que la carne de burra de casta no es transparente.
De todas formas, no le gusta que nos apelliden sin techo. Dice que no se ajusta a la realidad, porque tenemos tres techos: uno de cartón –un material excelente para combatir el frío, amén de ecológico-, otro de cemento -el del túnel- y un tercero decorativo –la bóveda celeste-. El otro día me hizo entrar en un locutorio y publicar eso en Plaza Podemos, para sondear un poco. Si su propuesta tuviera mucha aceptación intentaría crear el Círculo de los Sin Hogar. De hecho, ya ha dado los primeros pasos, dibujando en papeles sueltos un mapa censal de los principales puntos de la ciudada donde se concentran nuestros colegas. Así no perderá el tiempo en el caso de presentarse a las primarias, porque las campañas son muy cortas.
El ejemplo de Rufina me reconforta…, pero no lo suficiente. A veces me pongo tan triste que apenas puedo moverme. “Reacciona ciudadano”, me dice, pero es inútil. Siento que quiero volar a otro mundo. Y la verdad, no entiendo muy bien qué me lo impide. Mi única esperanza es que al menos pueda morir por un acto involuntario. Porque el caso es que siento el dolor y sangro igual que los demás, como cuando me muerde el pitbull de algún engominado. Pero siempre acabo estropeándolo. Al ver que la herida se pone fea me emociono y trato de impulsar la infección restregándola en algún charco inmundo. Pero al día siguiente mi piel está limpia.
Tampoco me interesa dar a conocer mi caso. Si la sociedad me ha dejado tirado no se merece que le preste mi cuerpo para que lo estudie. Eso contando con que hubiera fondos para hacerlo, lo cual es improbable en estos tiempos de recortes. De hecho, varios de nuestros tunnel-mates son ex-becarios.
En mi último intento, casi lo consigo.
Oí el rumor de que necesitaban gente en una obra, pero cuando llegué el capataz no estaba. Decidí dormir allí para hablar con él al día siguiente, acomodándome en uno de los contenedores con trozos de corcho y cartones. Reavivé las brasas que habían dejado los albañiles y me comí medio bocadillo que llevaba en el bolsillo. A media noche me despertaron unos gritos que llegaban de lo alto. Parecía una juerga. Subí a cuatro patas por los peligrosos peldaños hasta la última planta. Allí, una luna casi llena proyectaba las sombras de los pilares sobre el fondo negro del abismo. Un conjunto de rostros sorprendidos me observaba con la boca abierta. Pertenecían a cuatro adolescentes vestidos con vaqueros y camisetas de manga corta a pesar del frío. Un hombre alto y calvo se abrió paso entre ellos.
-Vaya, no esperábamos invitados.
Como yo permaneciera mudo, se acarició el mentón y prosiguió:
-Verá, aunque le parezca raro, esto es una clase de educación física. Supongo que habrá oído hablar del Círculo de Cuidadores que Pernoctan (CqP). Pero por favor, siéntese –dijo tomándome del brazo y señalándome uno de los botes de pintura que habían colocado en círculo alrededor de un fuego a modo de asientos-. Me ofreció un brebaje que olía a orujo quemado y me soltó un extraño discurso. Estaba convencido de que la única forma de acabar con el fracaso escolar era sacar la educación de la escuelas y llevarla a la calle. La clase política había inculcado el miedo en la población en los últimos tiempos. Era preciso un nuevo tipo de educación no formal dedicada a combatirlo. Citó a algunos autores, mezcló a Nietzsche con Paulo Freire y a mí se me abrió la boca. Entonces interrumpió su perorata y me llenó otra vez el vaso de plástico.
-Permítame que le haga una demostración práctica de mi fórmula, acompáñeme. Caminamos unos metros hasta llegar a una brecha de varios metros.
-Hemos medido el salto y colocado colchonetas en los bordes. Lo que va a presenciar ahora es un milagro. Estos chicos sacaban las peores notas de su instituto. La orientadora se sentía incapaz de ayudarlos, tenían la autoestima por los suelos, ¿me entiende? Carne de cañón de los malditos políticos, ¿comprende?
Les eché una mirada. Parecían muy contentos, agitándose al lado de algún aparato oculto entre las sombras. De vez en cuando, se acercaban a la cazuela y se servían; entonces eructaban y gesticulaban como posesos, intentando tocarse la punta de los pies con las piernas rectas o dando volteretas laterales al ritmo de la música.
En un momento dado, el extraño profesor sacó un silbato. Al oírlo, los cuatro alumnos se dirigieron en un trote ordenado hacia una línea de tiza que había sido dibujada en el suelo. Después respiraron y flexionaron sus cuerpos adoptando la actitud de los corredores.
-¿Preparados? –gritó el cuidador -¡Sí! –respondieron al unísono. -¿Conoce usted a Apollinaire? –me preguntó. Y luego exclamó-: -Venid hasta el borde -Tenemos miedo, podríamos caer –respondieron ellos como en una siniestra letanía. -¡Venid hasta el borde! –se oyó de nuevo
Entonces se acercaron y se dejaron empujar por el profesor al tiempo que exclamaban:
-¡Y volaron!
Yo me tapé los ojos, temiéndome lo peor, pero cuando los abrí, vi que todos habían conseguido pasar al otro lado y se felicitaban, despatarrados en la colchoneta entre toses y escupitajos.
-¿Qué le ha parecido, eh? – me preguntó el profesor. Tenía en la cara dibujada una sonrisa de orgullo y satisfacción.
Cabeceé mientras daba media vuelta. Al bajar las escaleras escuché de nuevo sus tremendas carcajadas amplificadas por el eco. Me metí en el contenedor de nuevo y me dormí enseguida, ayudado por el alcohol caliente..
No sé cuánto tiempo habría pasado cuando me despertaron unas voces:
-Eh, mirad, un mendigo, vamos a “queimarlo”, ¡ja, ja, ja! -¿Por qué no lo grabamos? ¡Eh, Bolas!, saca tu pedazo de móvil.
Al poco sentí el resplandor y el calor del fuego rodeándome. Me incorporé un poco y sonreí. Ahí tenía la ocasión que tanto había buscado, por fin podía morir; sólo tenía que esperar a que las llamas se acercaran un poco más y se cebaran sobre mí. Con el crepitar de papeles y cartones se mezclaban los chillidos de excitación de los pirómanos. Saltaban y se movían igual que en la azotea, aunque mucho más excitados. Parecían animales enloquecidos por el olor a muerte. No se imaginaban que mi intención era quedarme tranquilamente entre los escombros, sonriendo y agradeciéndoles el gesto.
Sin embargo, cuando las llamas se hicieron más altas y amenazantes, justo antes de lanzarme su mortal dentellada, dijeron algo que me sacó del trance –pues me había concentrado para darle un poco de trascendencia a mi paso hacia una mejor vida-:
-¡Muerte a los parásitos! -¡Viva El Führer!
Al oír aquello cambié de opinión. Cogí el pequeño bote de gasolina que me había regalado Rufina para ayudarme a hacer fuego, rocié con rapidez la ropa que llevaba puesta y la prendí. Una vez que me cercioré de que las llamas no conseguían hacerme daño sino que me acariciaban con su brillo y su calor, atravesé la hoguera de un salto y me planté ante aquellos malditos como un Júpiter rojo de ira. Aún puedo ver sus caras de estupefacción, sus cuerpos paralizados. Podía sentir el miedo entrando por su nariz y por sus bocas, por sus ojos, por todos los poros de su piel, ese mismo miedo contra el que su loco profesor les había vacunado.
Por fin reaccionaron y echaron a correr en todas las direcciones. Perseguí a uno de ellos hasta que topamos con una carretera que atravesamos sin mirar. Tal vez pensó que podía saltarla como había saltado el abismo de hormigón. El caso es que fuimos atropellados aunque obviamente con diferentes resultados. El vehículo se dio a la fuga, y yo, en cuanto me recuperé del golpe, hice lo propio. Huí como huyen los héroes de la escena del delito tras haber ejecutado su venganza.
Cuando llegué al túnel Rufina me saludó con una broma:
-Me huele a chamusquina. Te veo, no sé, como transfigurado. -Sí. ¿Te imaginas a un sin techo con superpoderes? No me refiero a sobrevolar Manhattan o Madrid, sino a alguien que persigue a los corruptos que nos han hundido en la miseria y empoderan a la gente. -Vaya, por fin veo que has comprendido la necesidad de formar el Círculo de los Sin Hogar.
Estábamos en eso cuando se presentó una tal Carolina, del Círculo de Enfermeras. Se ofrecía voluntaria para hacernos un chequeo gratis a los del túnel. Le contamos la coincidencia y le encantó la idea, hasta aventuró que podríamos aliarnos contra el CqP. Rufina se puso muy contenta y una botella de champán que tenía guardada para la noche vieja. La vieja se animó tanto que le contó a la enfermera mi problema, a pesar de las miradas reprobatorias que le dirigí. “Si eso es verdad tú podrías ser un buen candidato para Secretario General”, “Al fin y al cabo, un superman sin techo es el mejor ejemplo de un excluido empoderado”. Desde entonces, no he dejado de darle vueltas a esa idea. Me parece bella. Si estoy condenado a vivir, al menos que sea por una causa justa.
submitted by defenxor to podemos [link] [comments]


2015.02.09 17:59 defenxor DE CÓMO ME EMPODERÉ (CUENTO)

Soy uno más del ejército de miserables que creó la crisis, o tal vez un mal anterior a la crisis, un genio maligno que estaba ya en las raíces del sistema.
He intentado suicidarme, como hizo ese jubilado griego, el tal Christoulas, en una plaza pública, pero no he tenido éxito. Si trato de cortarme las venas, la hoja de acero se transforma en un inofensivo haz de luz brillante y azulada. Si intento atravesarme el pecho, el resultado es el mismo. También me he llegado a tirar por un puente. En este caso me despierto ligeramente aturdido.
Mi padre siempre decía que lo más importante en la vida es tener un techo. Mi madre apostillaba que la segunda cosa más importante era tener una mujer, porque no está hecho el hombre para vivir solo, y citaba la Biblia. Yo tuve las dos cosas pero las perdí de golpe y porrazo, algo que también te puede pasar según la Biblia, y según el libro de instrucciones de los banqueros, los empresarios sin escrúpulos y los gobernantes de la casta que hacen leyes a los que se acogen los empresarios sin escrúpulos.
Vivía plácidamente en una pequeña ciudad castellana, una de ésas en las que el tren del progreso atraviesa el horizonte nocturno como una lucecita roja, siempre igual y siempre distinta. Ojalá hubiera comprendido antes que esa paz era pura apariencia, que bajo su manto adormecedor las ratas invisibles de la desigualdad te mordisquean y tú no te enteras hasta que te desmayas exangüe. Entonces tienes que irte, emigrar, buscar una segunda oportunidad en otras tierras.
Como tantos castellanos frustrados, creí que en Madrid tendría más suerte, pero no fue así, y cuando ya no pude pagar la pensión me vi obligado a acudir a los albergues, donde no aguanté ni una semana. Puedo aceptar que soy pobre, pero no que formo parte de un ejército de miserables, de zombis que se acercan como perros sumisos a que les acaricien las monjas y los funcionarios municipales. ¡Maldita sea, en mi hambre mando yo! ¡No necesito caridad sino que me devuelvan mi dignidad!
Así que me vi vagando por las calles, huyendo de los alcaldes que practican la tolerancia cero limpiando las calles de gente como yo, sin darse cuenta de que somos la consecuencia de sus propias acciones, su propia basura. Cuando llegan las navidades aprietan más las tuercas de la seguridad. Es lógico, rompemos con la ilusión de un mundo feliz. Con lo que gastan en luces podrían darnos trabajo a más de uno.
Lo único que me consuela es la amistad con otros sin techo, especialmente la que me une a Rufina. Una tarde crucé una carretera por un túnel subterráneo y topé con un Santa Claus que bailaba a la luz de una hoguera. Parecía un rey estrafalario y feliz. Me quedé observándolo un momento y él me guiño un ojo ofreciéndome una lata de cerveza.
Resultó ser una mujer, una mujer extraordinaria que sabe camuflarse para sobrevivir. A pesar de su edad, que nunca me ha dicho –una dama nunca rebela su edad, ironiza-, tiene una naturaleza de hierro. Al parecer se echó a la calle cuando llegó la orden de desalojo. No pidió ayuda a nadie: es demasiado orgullosa. Además, dice que así se libra de su hijito querido, cuya hipoteca fue su ruina. No conozco otra persona más optimista. Dice que los sin hogar somos indios, nómadas, los herederos de una cultura muy vieja e importante que gracias a nosotros no se pierde. Diógenes fue uno de los fundadores. Siempre que hay una manifestación de yayoflautas, aparece en primera plana con una pancarta –sólo se asea en esas ocasiones-. Su sueño es hacerse famosa y que un día se le acerque la alcaldesa y le pregunte en qué puede ayudarla, para poder decirle lo mismo que Diógenes a Alejandro Magno –un guerrero de buena casta-: apártate anda, que la carne de burra de casta no es transparente.
De todas formas, no le gusta que nos apelliden sin techo. Dice que no se ajusta a la realidad, porque tenemos tres techos: uno de cartón –un material excelente para combatir el frío, amén de ecológico-, otro de cemento -el del túnel- y un tercero decorativo –la bóveda celeste-. El otro día me hizo entrar en un locutorio y publicar eso en Plaza Podemos, para sondear un poco. Si su propuesta tuviera mucha aceptación intentaría crear el Círculo de los Sin Hogar. De hecho, ya ha dado los primeros pasos, dibujando en papeles sueltos un mapa censal de los principales puntos de la ciudada donde se concentran nuestros colegas. Así no perderá el tiempo en el caso de presentarse a las primarias, porque las campañas son muy cortas.
El ejemplo de Rufina me reconforta…, pero no lo suficiente. A veces me pongo tan triste que apenas puedo moverme. “Reacciona ciudadano”, me dice, pero es inútil. Siento que quiero volar a otro mundo. Y la verdad, no entiendo muy bien qué me lo impide. Mi única esperanza es que al menos pueda morir por un acto involuntario. Porque el caso es que siento el dolor y sangro igual que los demás, como cuando me muerde el pitbull de algún engominado. Pero siempre acabo estropeándolo. Al ver que la herida se pone fea me emociono y trato de impulsar la infección restregándola en algún charco inmundo. Pero al día siguiente mi piel está limpia.
Tampoco me interesa dar a conocer mi caso. Si la sociedad me ha dejado tirado no se merece que le preste mi cuerpo para que lo estudie. Eso contando con que hubiera fondos para hacerlo, lo cual es improbable en estos tiempos de recortes. De hecho, varios de nuestros tunnel-mates son ex-becarios.
En mi último intento, casi lo consigo.
Oí el rumor de que necesitaban gente en una obra, pero cuando llegué el capataz no estaba. Decidí dormir allí para hablar con él al día siguiente, acomodándome en uno de los contenedores con trozos de corcho y cartones. Reavivé las brasas que habían dejado los albañiles y me comí medio bocadillo que llevaba en el bolsillo. A media noche me despertaron unos gritos que llegaban de lo alto. Parecía una juerga. Subí a cuatro patas por los peligrosos peldaños hasta la última planta. Allí, una luna casi llena proyectaba las sombras de los pilares sobre el fondo negro del abismo. Un conjunto de rostros sorprendidos me observaba con la boca abierta. Pertenecían a cuatro adolescentes vestidos con vaqueros y camisetas de manga corta a pesar del frío. Un hombre alto y calvo se abrió paso entre ellos.
-Vaya, no esperábamos invitados.
Como yo permaneciera mudo, se acarició el mentón y prosiguió:
-Verá, aunque le parezca raro, esto es una clase de educación física. Supongo que habrá oído hablar del Círculo de Cuidadores que Pernoctan (CqP). Pero por favor, siéntese –dijo tomándome del brazo y señalándome uno de los botes de pintura que habían colocado en círculo alrededor de un fuego a modo de asientos-. Me ofreció un brebaje que olía a orujo quemado y me soltó un extraño discurso. Estaba convencido de que la única forma de acabar con el fracaso escolar era sacar la educación de la escuelas y llevarla a la calle. La clase política había inculcado el miedo en la población en los últimos tiempos. Era preciso un nuevo tipo de educación no formal dedicada a combatirlo. Citó a algunos autores, mezcló a Nietzsche con Paulo Freire y a mí se me abrió la boca. Entonces interrumpió su perorata y me llenó otra vez el vaso de plástico.
-Permítame que le haga una demostración práctica de mi fórmula, acompáñeme. Caminamos unos metros hasta llegar a una brecha de varios metros.
-Hemos medido el salto y colocado colchonetas en los bordes. Lo que va a presenciar ahora es un milagro. Estos chicos sacaban las peores notas de su instituto. La orientadora se sentía incapaz de ayudarlos, tenían la autoestima por los suelos, ¿me entiende? Carne de cañón de los malditos políticos, ¿comprende?
Les eché una mirada. Parecían muy contentos, agitándose al lado de algún aparato oculto entre las sombras. De vez en cuando, se acercaban a la cazuela y se servían; entonces eructaban y gesticulaban como posesos, intentando tocarse la punta de los pies con las piernas rectas o dando volteretas laterales al ritmo de la música.
En un momento dado, el extraño profesor sacó un silbato. Al oírlo, los cuatro alumnos se dirigieron en un trote ordenado hacia una línea de tiza que había sido dibujada en el suelo. Después respiraron y flexionaron sus cuerpos adoptando la actitud de los corredores.
-¿Preparados? –gritó el cuidador -¡Sí! –respondieron al unísono. -¿Conoce usted a Apollinaire? –me preguntó. Y luego exclamó-: -Venid hasta el borde -Tenemos miedo, podríamos caer –respondieron ellos como en una siniestra letanía. -¡Venid hasta el borde! –se oyó de nuevo
Entonces se acercaron y se dejaron empujar por el profesor al tiempo que exclamaban:
-¡Y volaron!
Yo me tapé los ojos, temiéndome lo peor, pero cuando los abrí, vi que todos habían conseguido pasar al otro lado y se felicitaban, despatarrados en la colchoneta entre toses y escupitajos.
-¿Qué le ha parecido, eh? – me preguntó el profesor. Tenía en la cara dibujada una sonrisa de orgullo y satisfacción.
Cabeceé mientras daba media vuelta. Al bajar las escaleras escuché de nuevo sus tremendas carcajadas amplificadas por el eco. Me metí en el contenedor de nuevo y me dormí enseguida, ayudado por el alcohol caliente..
No sé cuánto tiempo habría pasado cuando me despertaron unas voces:
-Eh, mirad, un mendigo, vamos a “queimarlo”, ¡ja, ja, ja! -¿Por qué no lo grabamos? ¡Eh, Bolas!, saca tu pedazo de móvil.
Al poco sentí el resplandor y el calor del fuego rodeándome. Me incorporé un poco y sonreí. Ahí tenía la ocasión que tanto había buscado, por fin podía morir; sólo tenía que esperar a que las llamas se acercaran un poco más y se cebaran sobre mí. Con el crepitar de papeles y cartones se mezclaban los chillidos de excitación de los pirómanos. Saltaban y se movían igual que en la azotea, aunque mucho más excitados. Parecían animales enloquecidos por el olor a muerte. No se imaginaban que mi intención era quedarme tranquilamente entre los escombros, sonriendo y agradeciéndoles el gesto.
Sin embargo, cuando las llamas se hicieron más altas y amenazantes, justo antes de lanzarme su mortal dentellada, dijeron algo que me sacó del trance –pues me había concentrado para darle un poco de trascendencia a mi paso hacia una mejor vida-:
-¡Muerte a los parásitos! -¡Viva El Führer!
Al oír aquello cambié de opinión. Cogí el pequeño bote de gasolina que me había regalado Rufina para ayudarme a hacer fuego, rocié con rapidez la ropa que llevaba puesta y la prendí. Una vez que me cercioré de que las llamas no conseguían hacerme daño sino que me acariciaban con su brillo y su calor, atravesé la hoguera de un salto y me planté ante aquellos malditos como un Júpiter rojo de ira. Aún puedo ver sus caras de estupefacción, sus cuerpos paralizados. Podía sentir el miedo entrando por su nariz y por sus bocas, por sus ojos, por todos los poros de su piel, ese mismo miedo contra el que su loco profesor les había vacunado.
Por fin reaccionaron y echaron a correr en todas las direcciones. Perseguí a uno de ellos hasta que topamos con una carretera que atravesamos sin mirar. Tal vez pensó que podía saltarla como había saltado el abismo de hormigón. El caso es que fuimos atropellados aunque obviamente con diferentes resultados. El vehículo se dio a la fuga, y yo, en cuanto me recuperé del golpe, hice lo propio. Huí como huyen los héroes de la escena del delito tras haber ejecutado su venganza.
Cuando llegué al túnel Rufina me saludó con una broma:
-Me huele a chamusquina. Te veo, no sé, como transfigurado. -Sí. ¿Te imaginas a un sin techo con superpoderes? No me refiero a sobrevolar Manhattan o Madrid, sino a alguien que persigue a los corruptos que nos han hundido en la miseria y empoderan a la gente. -Vaya, por fin veo que has comprendido la necesidad de formar el Círculo de los Sin Hogar.
Estábamos en eso cuando se presentó una tal Carolina, del Círculo de Enfermeras. Se ofrecía voluntaria para hacernos un chequeo gratis a los del túnel. Le contamos la coincidencia y le encantó la idea, hasta aventuró que podríamos aliarnos contra el CqP. Rufina se puso muy contenta y una botella de champán que tenía guardada para la noche vieja. La vieja se animó tanto que le contó a la enfermera mi problema, a pesar de las miradas reprobatorias que le dirigí. “Si eso es verdad tú podrías ser un buen candidato para Secretario General”, “Al fin y al cabo, un superman sin techo es el mejor ejemplo de un excluido empoderado”. Desde entonces, no he dejado de darle vueltas a esa idea. Me parece bella. Si estoy condenado a vivir, al menos que sea por una causa justa.
submitted by defenxor to PlazaCastillayLeon [link] [comments]


ADULTOS MAYORES, ESTE ES EL APOYO DE AMLO PARA 2019 – CAMPECHANEANDO david sanchez - YouTube Obtención del certificado de nacimiento a través Internet Encuentra Tu Pareja Ideal - www.matchideal.com MENORES en APPS de citas online La Crisis de la Edad Media Por Que Los Hombres Se Quedan Solteros Y No Pueden Encontrar Pareja Ni Buscar Amistad Con Chicas

Chat de la Categoria Edades - Chat amigos gratis, Chatear ...

  1. ADULTOS MAYORES, ESTE ES EL APOYO DE AMLO PARA 2019 – CAMPECHANEANDO
  2. david sanchez - YouTube
  3. Obtención del certificado de nacimiento a través Internet
  4. Encuentra Tu Pareja Ideal - www.matchideal.com
  5. MENORES en APPS de citas online
  6. La Crisis de la Edad Media
  7. Por Que Los Hombres Se Quedan Solteros Y No Pueden Encontrar Pareja Ni Buscar Amistad Con Chicas
  8. Julia Michelón - YouTube
  9. 5 COSAS QUE NO HACER EN TINDER This Modern Date

Actriz y Locutora Nacional. Skip navigation Sign in Aún así, el escándalo de menores de edad en las apps de citas es una consecuencia más de la actual carencia en lo realmente importante: educar a los menores en los riesgos de Internet y su uso ... En éste video de This Modern Date, te decimos las 5 cosas que debes evitar hacer cuando abres una cuenta en Tinder. ... [+ 3 TRUCOS Para Conseguir MÁS Citas] - Duration: 14:11. Online Seducer ... Juego para Android gratis si les gustó chicos dejar su like nos vemos en un rato más con BRUTAL AGE david sanchez uploaded a video 3 years ago 24:08 He visto por mi experiencia que hay varios puntos, hoy te revelare 6 de los cuales dicen mucho de estos hombres que se quedan solteros y se les hace casi imposible encontrar pareja a su edad... Aquí explico a detalle el dinero que se les dará a las personas que son de la tercera edad en México. Antes surgía a los 40 años, ahora, desde los 35 hasta los 60. Se presenta en hombres y mujeres y es la crisis de la edad media, ese momento cuando nos cuestionamos cómo vamos en nuestras vidas. En este vídeo se explica cómo realizar la gestión online para obtener el certificado de nacimiento sin necesidad de tener el certificado digital. También puedes obtener el certificado de ... Regístrate gratis! Te ayudamos a buscar pareja y conocer gente nueva. Conectamos personas afines que quieren iniciar una relación seria y estable, de una forma discreta y con citas seguras ...